viernes, 17 de mayo de 2013

El Enemigo del Contentamiento



Ahí estamos, Josh y yo junto a nuestra preciosa hijita, ¡esperando su pronta llegada! Me encanta esa foto porque refleja el anhelo y la oración de nuestros corazones de ser padres conforme al corazón de Dios enseñando desde temprana edad a nuestros hijos a amarle y servirle a Él.  Al compartir con amigos y familiares ésta y otras fotos el Lunes pasado me di cuenta de lo mucho que una imagen puede comunicar, pero también me hizo reflexionar en un mal que ha aumentado con los medios de comunicación, ¡la comparación!

Cuando la fotógrafo me envió esas imágenes, para ser honesta, ¡quedé sorprendida del resultado final! La mirada en nuestros rostros lucia plácida y calmada, ¡y la verdad es que nos vemos bien! :) La razón de mi sorpresa se debía a que ese día en que tuvimos la sesión de fotos me habia comenzado una alergia terrible que hasta el día de hoy me tiene con caja de pañuelos en mano, y con picazón en toda mi cara. ¡Y como si eso no hubiera sido suficiente razón para hacerme sentir no muy agraciada y fotogénica, el sentarme y  pararme para cada pose me tuvo con un dolor constante y agudo en mis caderas durante toda la sesión de fotos! ¡todo menos bonita era como me sentía mientras la fotógrafo hacía su trabajo! me sentía como una viejita cada vez que debía cruzar las piernas, o ponerme de pie, o recostarme sobre un árbol... ¡y no es para menos con 36 semanas y media de embarazo! 

¿Pero eso no es lo que ves en la foto verdad? 

Aunque el mensaje que Josh y yo comunicamos en la imagen es genuino y sincero, la realidad detrás de la foto dista mucho de lo que se puede apreciar. Por mi parte hay dolor, incomodidad y cansancio, esas cosas que son invisibles a quien mira desde el exterior. 

Vivimos en una era visual, rodeados de imágenes en movimiento pero editadas, o idealmente detenidas en el tiempo y cuando las miramos somos tentadas a entrar en el sucio juego de la comparación. Comparamos lo que somos, tenemos, y cómo nos vemos con lo que vemos proyectado en esas lindas imágenes de portada. 

Pero cometemos el error de comparar nuestro mundo interno con las imágenes externas de otros. Vemos esa sala inmaculada y moderna en la portada de una revista de decoración y nos deprimimos pensando, "mi casa no se ve así"; abrimos facebook y vemos una radiante imagen mostrando a nuestra amiga corriendo por el campo con una sonrisa de oreja a oreja, y pensamos "ella es tan hermosa y feliz, ¡yo nunca me vería así de bien corriendo por el campo!" Y es así como injustamente terminamos deprimidas e inconformes con lo que somos y tenemos. Pero si somos honestas sabremos que la verdad es que esa sala en la portada de la revista de decoración muy seguramente fue meticulosamente limpiada y arreglada para la foto ¡y que no siempre luce asi de limpia y organizada si una familia habita en ella! y la verdad es que tu amiga como cualquier otro ser humano tiene sus propias inseguridades ¡y quizás hasta tenia dolor de cabeza cuando le tomaron esa foto! Pero no vemos eso cuando nos encontramos con imágenes que muestran un ideal, una realidad momentánea mas no permanente. 


El punto al que quiero llegar con esta entrada no es el de provocarte a una actitud criticona e incrédula cada que veas una foto radiante o a alguien sonriendo de oreja a oreja ¡ni que comiences a dudar de la veracidad de la felicidad de los demás! Sino que estés consciente de que nuestra tendencia pecaminosa hacia la inconformidad e ingratitud nos roba del gozo y plenitud que tenemos en Cristo. Esa inconformidad nos hace creer que "el pasto es más verde en el patio del vecino" amargando nuestros corazones y siendo ingratas para con Dios, y en lugar de inclinar nuestros corazones al consejo de Dios que nos dice "Gozaos con los que se gozan y llorad con los que lloran" (Rom. 12:15) ¡terminamos llorando con los que se gozan y gozándonos de los que lloran! 

Creo que no hay mayor afrenta que podamos mostrarle a Dios que cuando despreciamos lo que Él ha hecho de y con nosotros, llenando nuestros corazones de murmuración, codicia e ingratitud. La comparación mata nuestro gozo, nos roba de la plenitud de nuestra herencia en Cristo y nos hace estériles para la obra de Dios. 

Por eso hoy te invito a que hagas un ejercicio consciente conmigo cada vez que veas esa radiante imagen que muestra a tu amiga/o viviendo un momento de felicidad y sientas la tentación de la auto-conmiseración: Recuerda Romanos 12:15 y bendice al Señor por la gracia que él derrama sobre otros y de la cual tu estas siendo testigo. Sonríe cuando otros sonrían y muestra compasión cuando otros lloran. ¡Si haces esto veras que tu vida nunca carecerá del gozo que nos ha sido dado en Cristo! y que alegrarás el corazón de Dios mientras le alabas con una actitud sincera que declara contentamiento y gratitud en todo tiempo.





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