viernes, 10 de enero de 2014

Cuando las Mujeres Tienen Lujuria


Cuando las Mujeres Tienen Lujuria

(When Women Lust por Eowyn Stoddard, publicado originalmente en inglés en el blog TGC) 

Todos sabemos que los hombres luchan con el pecado de la lujuria. ¿Pero qué de las mujeres? Aunque cada vez es más común escuchar de mujeres que luchan con el uso de la pornografía, muchas mujeres aún parecen percibir que tienen la ventaja sobre los hombres en el terreno moral. Tales comparaciones no ayudan porque hombres y mujeres a menudo luchan de diferentes formas.

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Cuando una mujer hermosa entra a una sala o aparece en una pantalla o en una publicidad, todos los ojos se clavan en ella. Mientras que los hombres pueden pensar en sexo, una mujer puede estar pensando, ¿me pregunto qué se sentiría tener un cuerpo así? Los hombres quieren el cuerpo, las mujeres quieren el cuerpo.  Desean el cuerpo que atrae todas las miradas. la lujuria puede ser tanto una fuerte sensación de deseo sexual, o un fuerte deseo por algo. Sabemos cuando un hombre ha pecado puesto que él toma el cuerpo que quiere al sumergirse en la pornografía o visitando a una prostituta. Pero, ¿cómo luce una mujer al actuar llevada por su lujuria? Ella no puede obtener el cuerpo que desea tener, ¿entonces que hace? En su mayoría, su pecado permanece escondido. Sin embargo, quedan a la vista una serie de señales de su pecado las cuales describiré en primera persona porque yo también lucho con esto.

Señales de Lucha

Auto-conmiseración
El primer sentimiento que la lujuria produce en una mujer es la falta de satisfacción con su propio cuerpo. Hemos comparado nuestro cuerpo con el de alguien más y salimos perdiendo. Imaginamos a la otra mujer como más sexy, más segura de sí misma, y mejor que nosotras en todo aspecto. Esto nos lleva a la auto-conmiseración. 

Inseguridad
 Sentir lástima de nosotras mismas nos hace sentir inseguras. Nos sentimos amenazadas en nuestra propia feminidad y comenzamos a preocuparnos pensando que nuestro esposo o prometido o novio vaya a encontrar una nueva mujer mas atractiva. Traspasamos a la realidad este temor subjetivo. Y porque estoy luchando con lujuria, asumo que el hombre en mi vida también lo esta, así que una y otra vez pienso que nuestra relación esta bajo amenaza  con cada nueva mujer atractiva que nos encontramos.

Crítica
Sentimos la necesidad de humillar otras mujeres. Racionalizamos nuestra propia lucha al igualar el área de juego en nuestra propia mente. El pensamiento es el siguiente: Bueno, ella puede ser muy sexy, pero probablemente no es muy inteligente, o, Su cabello es perfecto, pero ¡que bueno que no tengo sus piernas! Nunca diríamos nada cruel, pero lo pensamos para hacernos sentir mejor.

Activismo
Si ninguna de estas cosas nos hacen sentir mejor, nos embarcamos en un ciclo sin fin de auto-mejoramiento. Sentimos la necesidad de volver a ganar terreno porque nuestro lugar como número uno ha sido amenazado. Esta es una forma de hacer obras de justicia con las cuales intentamos probarnos a nosotras mismas, al mundo a nuestro alrededor, y en últimas incluso a Dios mismo de que nosotras podemos cambiarnos a nuestra propia imagen, la perfecta que hemos creado, aquella que tan desesperadamente queremos obtener. Hacemos nuevas resoluciones dietarias, nuevos y mejores planes de ejercicio, y compramos nueva ropa y cosméticos para lucir más atractivas. 

Colocando a Dios en el Muelle

Tener lujuria hacia el cuerpo de otra mujer es un síntoma de una insatisfacción profunda con la manera en la que nos vemos. Es un asunto de orgullo. Sentimos que merecemos algo mejor. Cuando era una adolescente luchaba con aceptar mi cuerpo y todos sus cambios, y mi madre una vez me dijo, ¡El quejarte sobre tu figura es como darle una cachetada a Dios en la cara! Eso verdaderamente llamó mi atención. Mi insatisfacción con mi cuerpo estaba gritándole a Dios en la cara, ¡me hiciste mal! Pero como mi creador, ¿No tenia él el derecho de hacerme como a él le placiera? ¿No miró Dios sobre su creación y dijo que era buena? ¿Quien era yo para contradecirlo? Nuestros cuerpos son importantes para Dios, así que necesitamos cuidar de ellos como buenos administradores. Debemos comer bien, ejercitarnos con regularidad, y dormir lo suficiente. Sin embargo, la caída afectó nuestros cuerpos de manera que envejecen, se arrugan, se cuelgan y eventualmente mueren. Dios conoce este proceso y en su misericordia, el envió a Jesús a morir en la cruz para revertir los efectos mortales de la caída.

A través de la resurrección, Dios nos aseguró que él es capaz y está en el proceso de hacer todas las cosas nuevas. Pero de manera interesante, Dios trabaja en renovarnos de adentro hacia afuera, no de afuera hacia adentro. "Por tanto no desfallecemos, antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva de día en día." (2 Corintios 4:16 LBLA). Él comienza con nuestros corazones porque es ahí donde yace el problema principal, y él escogió adentrarse a esa caverna para irradiar su luz. Cuando comenzamos a mirar nuestros corazones a través de sus propósitos redentores, veremos dónde el Espíritu está iniciando el cambio, trayéndonos al arrepentimiento y dándonos nuevos deseos. El resto de los efectos de la caída serán vencidos en el día final, y entonces también recibiremos cuerpos perfectos que estén a la par de nuestros corazones perfeccionados.
Tal ves esa es la razón por la que él constantemente nos frustra en nuestros esfuerzos de renovarnos a nosotras mismas de afuera hacia adentro. Quiere que nos demos cuenta que estamos hechas para algo mucho mayor. El ser una mujer auto-fabricada basada en los ideales impuestos por las revistas para mujeres o compararnos a nosotras mismas con otras mujeres a las que admiramos no es la meta de Dios para nosotras. ¡Eso es muy pequeño! De hecho, esas revistas pueden ser tan malas para nuestras almas como la pornografía lo es para los hombres.
En su lugar, Dios nos cambia en la imagen de Su Hijo, Jesús, el hombre perfecto. Él desea que experimentemos gozo en la manera en que él diseñó que fuéramos. Él cumple todos sus propósitos en nosotras. No desperdiciemos tiempo precioso en tratar de ser alguien más. El estar satisfechas solo en Dios nos hará a ti y a mi mujeres atractivas e irresistibles, por dentro y por fuera, porque Su amor brillará a través de nosotros para que el mundo pueda ver.


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