jueves, 25 de febrero de 2010

ESCAPE DE LA CRISTIANDAD


Hace unos 4 años me encontre con el original en ingles de este escrito alegorico de Robert Burnell. Tan pronto me embarqué en la lectura no pude dejar de leerlo hasta terminarlo. De principio a fin sentía que esta era mi historia, que alguien habia espiado mi diario caminar con el Señor y que aun habian escuchado mis oraciones en la soledad de mi habitacion! Fue muy emocionante saber que no era la unica que habia descubierto un 'nuevo' camino, sino que muchos otros al igual que yo, se habian embarcado en el viaje mas maravilloso de sus vidas! Cuando quice compartir este escrito con otras personas, encontré que por lo menos en la inernet no habia ni una sola traduccion al español, eso me motivo a traducirlo casi de inmendiato para que otros pudieran beneficiarse al igual que yo, de esta maravillosa alegoria que infunde animo, coraje y esperanza en el corazon de todo aquel que anhela perderse en la perfecta voluntad de Dios.
Hoy quiero compartirlo contigo aqui, es mi oracion que puedas ser motivado a seguir en este viaje de fe, y que escuches la Voz del amoroso Padre que desea reunirse con nosotros en aquella Ciudad Celestial.
-Karen Villarreal Z


ESCAPE DE LA CRISTIANDAD

Por: Robert Burnell

1ra Parte
El Peregrinaje

En mi sueño veo la solitaria figura de un hombre que sigue un sendero. Mientras se pone el sol bajo las colinas, una ciudad se deja ver. Al acercarse a ella, el viajero ve lo que parece ser un gran grupo de iglesias.

Obeliscos y cruces agujerean el horizonte. Su paso se acelera. ¿Es este su destino? Al avanzar una estructura imponente se cruza en su camino, una leyenda en centelleante neón anuncia “Catedral del Futuro.”

Mas allá un luminoso estadio sostiene un cartel alardeándose de que en aquel lugar cincuenta mil personas se congregan en las asambleas evangelísticas tres noches por semana. Posterior a esto, modestas capillas “Neo-testamentarias” y sinagogas Hebreo-Cristianas yacen aglomeradas en la calle frontal.

“¿Es ésta La Ciudad de Dios?” Escuché al viajero preguntar a una mujer en la casetilla de información en la plaza central.

"No, ésta es Ciudad Cristiana,” replicó.

"Pero yo creí que este sendero guiaba a La Ciudad de Dios!” Exclamo el con gran decepción.

"Eso fue lo que todos pensamos cuando vinimos,” respondió ella, con tono compasivo.

"Este sendero sigue camino arriba hacia la Montaña, no es así?” Preguntó él.

"No sabría decirle en realidad,” respondió insípidamente.

Vi al hombre darse vuelta y trepar hacia la montaña en la copiosa oscuridad. Al llegar a la cima, se abre camino entre las sombras; parece como si no hubiera nada, absolutamente nada, mas allá. Estremecido vuelve sus pasos hacia Ciudad Cristiana y toma una habitación en el hotel.

Extrañamente fatigado, se pone en pie al amanecer y camina de nuevo el sendero que guía a la montaña; bajo la brillante luz del sol descubre que lo que parecía ser un vacío la noche anterior es en realidad un seco y caliente desierto de arenas rodantes que se extienden más allá del horizonte.

El sendero se estrecha en un tramo y luego se vuelve a divisar al levantarse sobre una duna, después, desaparece. ”¿Puede este rastro guiar a la Ciudad de Dios?” Se pregunta en voz alta. Se ve bien desierto y raramente transitado.

La indecisión desacelera sus pasos, entonces da marcha atrás hacia Ciudad Cristiana y toma su merienda en el restaurante Cristiano. Entre la música que proviene de un disco evangélico, le escucho preguntarle a un hombre que se encuentra en la mesa contigua, “¿Ese sendero en la montaña, donde comienza el desierto, guiará a la Ciudad de Dios?”

“No seas tonto!” Le contestó rápidamente el hombre. “Todo el que ha tomado ese camino se ha perdido…ha sido tragado por el desierto! Si quieres a Dios, hay iglesias de sobra en este pueblo. Deberías escoger una y olvidarte de todo.”

Después de dejar el restaurante, visiblemente preocupado y confuso, el viajero halla la sombra de un árbol y se recuesta bajo él. Un hombre ya anciano se le acerca y comienza a suplicarle en tono urgente, “Si te quedas aquí en Ciudad Cristiana pronto te marchitarás, debes tomar el sendero.

Yo vengo del desierto que viste en la mañana. Fui enviado aquí para alentarte a que te des prisa. Tendrás que viajar numerosas millas. Te encontraras sediento y sofocado; pero los ángeles caminaran contigo, y hallaras fuentes de agua a lo largo del camino. ¡Y al final de tu viaje encontraras la Ciudad de Dios! ¡Nunca habrás contemplado tal belleza! Y cuando llegues las puertas se abrirán para ti, pues eres esperado.”

“Lo que dice usted suena maravilloso,” contesto el viajero. “Pero temo que no pueda sobrevivir el desierto. Probablemente estoy mejor aquí en Ciudad Cristiana.”

El anciano sonríe. “Ciudad Cristiana es el lugar para aquellos que quieren la religión pero no quieren perder sus vidas. El desierto es el territorio de los que tienen sus corazones tan sedientos por Dios que anhelan estar perdidos en El.

Amigo mío, cuando Pedro encalló su bote en tierra, abandonó todo y siguió a Jesús, el había sido tragado por el desierto. Cuando Mateo dejó su recaudación de impuestos y Pablo su Fariseísmo, ellos también estaban dejando atrás una ciudad como ésta para seguir a Jesús a lo lejos sobre las dunas y hallarse perdidos en Dios. Así que no temas. Muchos han ido antes de ti.”

Luego veo al viajero quitar la mirada de sobre los ojos ardientes del anciano y contemplar el alboroto en Ciudad Cristiana. Ve personas atareadas corriendo de aquí para allá con sus Biblias en lustrosos estuches, viéndose como hombres y mujeres que conocen su destino. Pero es claro que carecen de algo que el anciano con ojos de profeta posee.

En mi sueño imagino al viajero repasando cada cosa en su mente. “Si voy para allá, ¿como puedo estar seguro de que estaré realmente perdido en Dios? En la Edad Media los Cristianos intentaron perderse a si mismos en Dios al dejar el mundo tras ellos e internarse en un monasterio.

¡Y cuan decepcionados estarían muchos de ellos al darse cuenta que aun el mundo seguía ahí! Y las personas aquí en Ciudad Cristiana que se están preparando para ir a la selva o a un tugurio, quizás ellos se están acercando a lo que significa estar perdidos en Dios. Pero entonces, una persona puede viajar hasta el fin de la tierra y no perderse a si mismo.”

El viajero se da la vuelta para ver al anciano dirigirse al comienzo de la calle por el camino estrecho cuesta abajo a la orilla del desierto. De repente, su decisión le impulsa y levanta sobre sus pies, yendo tras él.

Cuando le alcanza, no cruzan palabra alguna. El anciano cambia abruptamente su dirección hacia la derecha y le guía a otro sendero cuesta abajo que se empina hacia un pico cubierto con una luminosa nube.

La pendiente es muy difícil. El viajero parece mareado y comienza a tambalearse. Su guía hace una pausa y le ofrece una bebida de una botella que lleva colgando sobre su hombro. Jadeando, la bebe a grandes bocanadas. “Ningún agua supo mas dulce que esta,” dice con gran alivio. “Gracias.”

“Ahora mire allá.” El anciano señala a lo lejos a una vista no cercana, tan monótona y desolada como pareció serlo la anterior. El desierto se ha tornado en diferentes escalas de colores. En la lejana distancia una resplandeciente luz esta palpitando y moviéndose en la superficie del horizonte como una forma viviente.

“¡Allí está la Ciudad de Dios! Pero antes de que puedas alcanzarla, tendrás que pasar por en medio de esos cuatro desiertos que ves. Justo bajo nosotros esta el Desierto del Perdón.” El viajero nota pequeñas, diminutas figuras labrando su camino lentamente en dirección a la ciudad, separadas la una de la otra por varias millas.“Como pueden ellos sobrevivir la soledad?” Pregunta el viajero. “No se beneficiarían ellos en viajar juntos?”

“Bueno, ellos no están realmente solos. Cada uno de ellos es acompañado por el perdón de Dios. Están siendo tragados por el desierto de la vasta misericordia del SEÑOR. El Espíritu Santo les esta diciendo mientras viajan, ‘He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!’

Ellos son perfeccionados mientras viajan.”Justamente más allá hay una expansión de azul. “¿Es ese el mar?” Inquiere el viajero.“Parece agua, pero es un mar de arena. Ese es el Desierto de la Adoración.

Toma, observa a través de estos anteojos y veras que hay personas caminando allí también. Nota como han comenzado a unirse ellos allí. Están experimentando las primicias del gozo de la Ciudad—adoración.

Están descubriendo como ellos fueron creados para la adoración a Dios. Se está convirtiendo en sus vidas, en el recurso indispensable de todo lo que hacen.”“¿Pero las personas no adoran también allá en Ciudad Cristiana? ¿Que hay de especial en el desierto?”

“Adoración, esta es la verdadera alabanza, puede solo comenzar cuando una vida ha sido absolutamente abandonada al desierto de la presencia de Dios. Allí afuera el corazón comienza a alabar al Padre en espíritu y en verdad.”

Mirando más allá del árido azul hacia donde el desierto se despliega en rojas y fieras montañas, el anciano explica al viajero que en medio de esas rojizas montañas yace el Desierto de la Oración.

“Al cruzar por aquel desierto los viajeros ven la necesidad de apartarse de toda distracción y concentrarse en la oración. Con rapidez aprenden que no hay otra manera posible para ellos sobrevivir que por medio del continuo clamor al SEÑOR.

Cuando logran alcanzar los extremos exteriores de aquel desierto, la oración viene a ser su consumidora pasión y su supremo gozo. A primera vista parece que la Ciudad de Dios se encuentra justo detrás del Desierto de la Oración.

Pero aun queda un último tramo de tierra salvaje escondida por aquellas montañas, la cual cruzarás antes de llegar a tu destino. Su nombre es simplemente la Siega. La conocerás cuando llegues a ella.

Y después de la Siega estará la Ciudad. Tu nombre es conocido allí. Tu llegada es esperada con ansias. Vamos, comencemos nuestro viaje.” “El anochecer no parece ser particularmente un tiempo propicio para comenzar un viaje como este,” replica el viajero.

“No regreses a Ciudad Cristiana,” le exhorta el anciano, mirándole seriamente. “¿Ni siquiera a esta hora? De ese modo podría tener un buen sueño y comenzar temprano al amanecer,” añadió el viajero esperanzadamente.

“Pero tu descanso se encuentra allá afuera,” le apura el anciano. “Adéntrate ahora al desierto. El Espíritu Santo te ayudará. No temas el hallarte perdido en Dios. No encontraras tu vida en ningún otro lugar.”

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English Original Version, (Escape from Christendom) clic HERE

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