martes, 17 de abril de 2012

Celebrando la Virginidad


Algunas veces mientras reviso mi correo o navego por la red con el sólo propósito de enterarme que está pasando por ahí, me encuentro inadvertidamente con un artículo que logra enganchar mi mente y colocar mi corazón en sintonía con la intensión del autor, aún cuando en el momento no estaba pensando en ello. Eso me sucedió ayer, y sentí que no podía quedarme con lo leído sólo para mi. Es uno de esos artículos que te alegran y producen esa sensación de agradecimiento, te sientes agradecido con Dios de que él inspire a otros a escribir de algo que tu igualmente puedes tener en tu corazón pero no sabes cómo expresarlo. Agradecí también que haya sido mi hermano en la fe, Jimmy, quien escribiera sobre el tema pues sin duda él lo puede hacer muchísimo mejor que yo. Su estilo es directo y provocador, sin rodeos. No me proponía invertir un par de horas en la traducción, pero tuve en mí la convicción de que algo tan bueno como ésto no podía dejarlo pasar. Pero les advierto que Jimmy hace uso de la palabra cruda y directa confiando en su innata capacidad de explicarse a sí misma sin tener necesidad alguna del uso de la descripción.  


Celebrando el Celibato
Por Jimmy Humphrey

El 2 de Julio del 2012, tendré 30 años. Y todavía soy virgen. Y a la luz de ésta etapa en mi vida, siento que tengo algo muy importante que decir. A primera vista, podrás darte cuenta que es un escrito más bien largo. Pero luego de 30 años de mantenerme sexualmente puro, pienso que me he ganado el derecho de que ustedes me concedan una atención mayor de lo normal. Pertenezco a una raza de hombres bastante rara. No existen muchas personas como yo en este mundo. Haber llegado tan lejos en la vida, y aún permanecer virgen.
Soy virgen no porque nunca he sido capaz de tener una cita, no porque he carecido de oportunidades para involucrarme en comportamientos promiscuos. Soy virgen por elección. Y no sólo por mi elección, sino por la elección de Dios, quien ha salvado y guardado mi virginidad hasta éste punto de mi vida, para que me sea dada la oportunidad y privilegio de llevar un único testimonio a éste mundo, y servir de aliento a la iglesia.  


Cuando el Cielo Toca la Tierra
Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente. Y oí una voz del cielo como estruendo de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno; y la voz que oí era como de arpistas que tocaban sus arpas. Y cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los de la tierra. Estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero; y en sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios. (Apocalipsis 14:1-5)
   
El libro del Apocalipsis es bien conocido por sus violentas, aterradoras, y catastróficas imágenes. En este libro, leemos de un mundo enloquecido. La ira de Dios es derramada sobre todos los que están en la tierra. La luna se hace sangre. Las estrellas de los cielos caen sobre la tierra. El anti-Cristo se levanta con poder. Nación se levanta contra nación. Una vasta mayoría del mundo es destruida. Billones mueren. Pero en medio de todo lo que está sucediendo en el mundo, Juan continuamente nos revela pequeños detalles de las cosas celestiales. Él continuamente nos permite ver lo que está sucediendo detrás de cámaras del drama cósmico que se está presentando en el mundo. Tal como el Señor hizo con él, Juan nos invita a subir a los cielos y ver las cosas como Dios las ve. En medio de un mundo en caos, tenemos la oportunidad de ver hacia otro mundo que está inmerso en alabanza. 

No se a ti, pero a mi realmente me gusta ésta imagen. 

En ésta impactante visión, Juan ve las cosas de una manera en la que nosotros normalmente no las vemos. En nuestra cultura, tenemos una tendencia a trazar una línea entre el cielo y la tierra. Dividimos lo sagrado de lo secular y separamos la iglesia del estado. Pensamos que cielo es cielo, tierra es tierra, y nunca ambos se juntan. Pero aquí, Juan borra la línea que nosotros dibujamos. En la visión de Juan, el cielo y la tierra se fusionan, y poder decir donde termina uno y donde comienza el otro se vuelve una tarea imposible.  
Juan ve una visión en la cual Cristo Jesús está de pie sobre Jerusalén, rodeado por 144,000 personas que representan a todos los redimidos. Leemos de una voz celestial majestuosa que es comparada al sonido del trueno, mientras que simultáneamente suena como un grupo de arpistas tocando sus cuerdas. Leemos de criaturas celestiales. Leemos de canción, de celebración y de adoración. Y aquellos que están cantando, los 144,000 redimidos, son anunciados como algo bastante particular, tanto para nuestra sociedad como para la civilización antigua. Ellos son comparados con vírgenes, y se les ha dicho que sigan a Cristo a donde quiera que Él valla.

El Estigma de la Virginidad

Virginidad. Lo que en la visión de Juan es exaltado como un punto de celebración por Dios, es estimado por muchos como un símbolo de vergüenza en nuestra cultura. En nuestra sociedad, la virginidad es algo que debe "perderse" o ser "tomado." Y mientras más rápido te puedas deshacer de este estigma, mejor. 
El reproche de ser virgen es casi insoportable en nuestra sociedad. Tanto que muchos adolescentes procuran perder su virginidad para antes de terminar el bachillerato, o para cuando terminen la universidad. Tú no quieres ser conocido como la persona que ha fallado en hacer así cuando alcances cierta edad, de lo contrario te miraran como si fueras un perdedor, que tiene la incapacidad de "acostarse." Tú no quieres ser conocido como el "Virgen a los 40 años." Y justo cuando cruzas ésta etapa, entonces existe la expectativa en nuestra cultura de que deberías por lo menos tener algunos compañeros sexuales antes de considerar establecerte y casarte.
Escoger el celibato y guardarte a ti mismo para el matrimonio es considerado como una expectativa poco realista y pasada de moda. Los tiempos han cambiado, se dice. Tener sexo es comparado a probar un auto.- Es el sentido común que nadie nunca va a comprar un carro sin antes dar primero una vuelta en él. Así, que, ¿Cómo es que se te ocurre que te vas a casar con alguien con quien nunca has tenido sexo? Las relaciones suben y bajan dependiendo de la calidad y la frecuencia del sexo, si el sexo es bueno, uno puede entretener ideas de un romance a largo plazo que lleve al matrimonio. Pero si no es bueno, entonces la relación terminará rápidamente. 
La lógica de ésto es muy atractiva. Sin embargo, es una lógica que falla en ver las cosas como Dios las ve. Primero que todo, la moralidad del celibato no es algo que expira en el siglo 21. La Palabra de Dios no tiene tiempo, es eterna. Y aunque Juan tuvo su visión en el Apocalipsis hace casi 2,000 años atrás, la visión que Juan tuvo es sobre un tiempo que está aun por venir. Es para un tiempo que está fechado en el futuro. Es un tiempo al final del mundo en el que Dios aún celebra un pueblo a quien Él compara con vírgenes.
 
Segundo. Comparar personas con autos que tienen primero que ser probados antes de ser comprados es una de las perspectivas mas deshumanizantes que la humanidad haya jamas abrazado. Es una injusticia social. Deberíamos estar avergonzados de pensar sobre el sexo entre dos personas en tales términos. Los hombres y las mujeres no son grandes pedazos de metal con ruedas que tu montas para dar una vuelta. Son individuos con almas, creados a la misma imagen de Dios. Tratar a alguien como algo que tu montas para dar una vuelta antes de comprarlo es destruir la misma imagen del Dios en la que ellos fueron creados.
La permeabilidad de esta mundana perspectiva es bastante asombrosa. Y su impacto en la iglesia es igualmente asombroso. Y estoy convencido, en parte, que la razón por la cual hay tan pocos 20-añeros en la iglesia en estos dias es porque muchos jóvenes adultos simplemente saben que asi es como se juega "el juego" en nuestra sociedad. Muchos jóvenes adultos dejan atrás la iglesia y nunca cruzan su puerta nuevamente hasta que encuentran a ese alguien especial con el que son sexualmente compatibles, se casan, y cargan a un hijo sobre el muslo. Y estoy convencido que muchos volvieron sus espaldas a Dios y dejaron la iglesia por cierto numero de años, porque temían que si caminaban el sendero del celibato, corrían el riesgo de nunca contraer matrimonio, y andar por la vida solos.  Sin duda, muchos de los niños que crecieron en la iglesia, y que terminaron desapareciendo de ella luego de la secundaria, y nunca volvieron a poner un pie en ella hasta cargar un hijo sobre su muslo, probablemente nunca fueron realmente salvos en primer lugar.  No tengo  dudas sobre eso. Pero tal diagnosis, pienso, es un poco miope, ingenua, y demasiado simplista. Las cosas son mucho más complicadas que eso. Y el hecho, es que el pecado es mucho más complicado que eso. Una mirada rápida a las cartas del apóstol Pablo a los Corintios debiera ser suficiente para confirmar este hecho.

La verdad es que, el compromiso a una pureza sexual antes del matrimonio, durante el matrimonio, y aún despúes del matrimonio es una cruz dolorosa que muchos Cristianos genuinamente salvos simplemente no desean llevar. Y cuando el placer alternativo puede ser obtenido relativamente fácil y barato en estos días, no me sorprende tanto que muchos escojan tomar el camino equivocado. Es más bien, "natural" tomar el camino de menor resistencia, especialmente cuando el otro camino guía hacia una cruz.
Para que no haya ninguna confusión aquí, no estoy en manera alguna justificando tal comportamiento pecaminoso. De hecho, condeno tal comportamiento un mil veces, y derramo lágrimas sobre la carencia de castidad aún en medio del pueblo de Dios. Adultos jóvenes Cristianos, pierden su virginidad y se comprometen en relaciones sexuales regulares fuera de los lazos matrimoniales. Y dentro del matrimonio, los esposos se engañan uno al otro a una cifra alarmante. El divorcio es común. Un segundo matrimonio sucede sin siquiera un consejo pastoral en contra. 
No obstante, loas cosas no necesitan suceder de tal forma. Y ciertamente, no serían asi, si la iglesia aprendiera a ver las cosas como Dios las ve, y no sólo abrazara el camino del celibato, sino que también debiera llegar al punto en el que abiertamente celebra el celibato a pesar de la burla del mundo en su contra. En lugar de que las personas vean su falta de actividad sexual como algún tipo de ética mojigata que los aleja de tener diversión y encontrar la realización personal, la gente necesita llegar al lugar en donde ellos ven tal ética como una oportunidad para que Dios haga verdaderamente algo glorioso a través de sus vidas. En lugar de ver el compromiso a la pureza sexual como un símbolo de vergüenza y como un extremo al que sólo los super-santos se comprometen, debemos ver el celibato como una vestidura de alabanza y como una normativa para todos en la iglesia.

Un Testigo Único

En Romanos 1, el apóstol Pablo enseña que a traves de la creación de este mundo, una revelación natural de Dios ha sido desvelada, y ésta revelación nos enseña a todos algo sobre Él. El tamaño masivo del universo habla de Su grandeza y poder. Los cuidadosos detalles dados a la más pequeña de las cosas habla de cuanto Dios se preocupa por nosotros. Y en la unión matrimonial, yo creo que algo del evangelio es proclamado, como Dios dándonos una poderosa imagen de cuan intima y personal es un relación con Él. A traves del lazo místico formado entre el hombre y la mujer, nos hacemos conscientes de la unión que es posible entre nosotros y Cristo. 
Pero fuera de lo sagrado de esta unión en matrimonio, el evangelio que se predica a traves de la creación se distorsiona. A traves de la fornicación, un evangelio falsificado es proclamado. Y la teología de ese evangelio falso es tan pobre que la sociedad a reducido las cosas al punto en el que la sexualidad intima se ha convertido en algo similar a comprar un Chevrolet. No es sorpresa, que sean tan pocas las personas que realmente conocen a Dios. Deberíamos estar indignados y ofendidos por tal mentalidad, y el pensamiento de cualquiera teniendo sexo fuera del matrimonio debiera despertar en nosotros un celo profundo  por la gloria de Dios y la pureza del mensaje del evangelio mismo.
Debemos ver nuestro compromiso con el celibato y lo sagrado del sexo dentro de la unión matrimonial como algo que va más allá de guardarnos a nosotros mismos para el matrimonio, o de aplazar la gratificación, o de evadir enfermedades de transmisión sexual o embarazos no deseados. No debemos ver la virginidad como una cosa que debe perderse o tomarse. Debemos verla como un regalo dado a nosotros por Dios que nos permite la oportunidad de llevar un testimonio único en éste mundo y en nuestra predicación del mensaje del Evangelio.
Si el matrimonio es una foto de lo que una relación con Dios puede llegar a ser, entonces ser soltero y célibe debe ser visto como una foto de lo que significa buscar a Dios con todo nuestros corazones y nuestras almas, hasta que encontremos a Aquel a quien verdaderamente estamos buscando. En la visión de Juan, los 144,000 vírgenes están " siguiendo al Cordero por donde quiera que Él va." Eso necesitamos ser nosotros en nuestro testimonio. Yo soy soltero y soy célibe, no porque en alguna forma he fallado en perder mi virginidad, sino porque soy meramente uno que sigue al Cordero dondequiera que Él va.
Mi testimonio es que soy un virgen que está en ardua búsqueda de Dios, y no estaré satisfecho hasta que sea capaz de asirme de Él. Y hasta que encuentre la mujer con la que Dios me conceda la oportunidad de casarme, seré la persona que Dios me ha llamado a ser. Celebraré mi virginidad, y enseñaré a otros a hacer lo mismo. Y cuando Dios finalmente me conceda la bendición de tomar la mano de la mujer con la cual me casaré, y de colocar un anillo en su dedo, me regocijaré.
Me regocijare, no porque finalmente pude perder mi virginidad y tener sexo. Sino que me regocijaré, porque finalmente me habré asido de aquella que Dios tenia para mi, así como en mi búsqueda de Cristo, me habré asido de Él. Y en esto, mi virginidad no será algo que se pierde, sino un regalo que es dado. Un regalo, no solo para mi esposa, pero cómo parte del mensaje del evangelio que tengo la oportunidad de proclamar a toda la creación. Será parte de mi testimonio a un mundo perdido y moribundo que no conoce a Dios. Y para ellos será una oportunidad de ver y conocer a Cristo, en un mundo que no tiene la oportunidad de verle a Él muy a menudo.






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