martes, 1 de febrero de 2011

Poniendo las Emociones en Su Sitio



Poniendo las Emociones en Su Sitio
Por Leslie Ludy


Como mujeres Cristianas Americanas, escuchamos muchos mensajes hoy día sobre la importancia de nuestro corazón--mensajes que hacen gran énfasis en nuestros sentimientos, nuestras necesidades, nuestra singularidad, y nuestros deseos. A menudo se nos hace cree que esta bien que construyamos todo alrededor de nuestras emociones y nuestros deseos. "Tu corazón es bueno," es el mensaje de un muy popular libro Cristiano. "Al vivir tus deseos y sueños, traes gloria a tu Creador."

¿Pero será realmente bueno nuestro corazón? ¿Es cierto que nuestros sentimientos y sueños y deseos y emociones deben ser nutridos y mimados de la manera en que el Cristianismo Americano lo prescribe? Creo que nuestras emociones y deseos ciertamente pueden ser instrumentos de Dios para ayudarnos a dirigir nuestras vidas, pero sólo cuando ellas están completamente aferradas a El.


La mayoría de nosotros nunca morimos realmente al yo--nunca caminamos realmente a traves del doloroso proceso de rendir cada esperanza, sueño y deseo de nuestro corazón sobre el altar delante de nuestro Rey, o de dejar que nuestra identidad se vea absorbida por El. Y como resultado, nuestras emociones, personalidad, y deseos rápidamente toman control de nosotros, gritando, bramando y clamando para que construyamos nuestra vida al rededor de ellos. Así que comenzamos a salir con chicos ensimismados, mundanos porque estamos siguiendo los deseos del corazón que quiere tener compañía. Comenzamos a coquetear con cada hombre disponible porque estamos controladas por la necesidad emocional de un romance terrenal. Comenzamos a vestirnos seductoramente por causa de nuestro anhelo interno de ser hallada hermosa por un chico. Y desechamos una vida de total abandono y servicio a Cristo por una cómoda vida de placer porque nuestros sentimientos y deseos nos están diciendo que esa es la única forma en que vamos a ser felices.


Las emociones deben convertirse en sirvientes del Espíritu de Dios-- a Su voluntad, Su agenda, Sus propósitos, y Su dirección. La vasta mayoría de nosotras nos hemos hecho esclavas de nuestros propios sentimientos en lugar de ser siervas sujetas a Cristo Jesús. No deberíamos nunca tomar decisiones basadas en lo que sentimos que queremos hacer...sino en lo que nuestro Señor está pidiendo de nosotros. Amarle a El es el primer acto de la voluntad, una elección de ponerle a El primero--no importa lo que nuestros sentimientos puedan decirnos. Una vez aprendamos a amarle a El con nuestra voluntad, nuestras emociones y sentimientos naturalmente seguirán el curso, y será nuestro mayor deleite entregar nuestras vidas completamente a El. Como dijo el Salmista: "¡El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado!" (Salmo 40:8)

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