lunes, 21 de noviembre de 2011

¿Qué Es Tu Amado Más Que Otro Amado?




¿Qué Es Tu Amado Más Que Otro Amado? 
 Karen Villarreal

Escuchaba un programa radial Cristiano la semana pasada, y la invitada era la autora Elyse Fitzpatrick. En éste, ella compartía varias de sus experiencias en su vida Cristiana, y cómo le costaba trabajo hablar a otras personas de Cristo. ¿Por qué? Al mirar su vida Cristiana ella concluyó que mucho de su Cristianismo se concentraba en lo que ella sabía sobre las Escrituras, la practica ministerial en la Iglesia, la adopción de patrones piadosos y bíblicos en su estilo de vida, etc…

A simple vista nada “malo” que reprochar. Todas cosas muy buenas, pero ella sentía aún que le hacía falta algo. Parafraseando, pues no recuerdo con exactitud, ella dijo: “La vida Cristiana No es un estilo de vida, no es una serie de principios, la vida Cristiana es una Persona, y esa Persona es Cristo.” Esa frase quedó sonando en mi mente y corazón y mientras la entrevista continuaba comencé a meditar en ella. Es cierto, ¿verdad? ¿Quién llega a nuestras vidas cuando nos entregamos en arrepentimiento y sumisión a la voluntad de Dios? ¡Cristo! Cristo se convierte en la vida de aquel que cree, en la esperanza del que vuelve sus ojos a Dios, en la Salvación del que se rinde. La vida Cristiana no es un ‘’estilo de vida’’, es una Persona viviendo en nosotros.

Elyse, se dio cuenta que para ella resultaba tedioso y difícil predicar a Cristo, puesto que ella no encontraba un verdadero placer y deleite en las luchas y dificultades  con las que tenía que lidiar día a día teniendo como sus únicas armas sus principios y su ‘estilo de vida’ Cristianos. Muchas veces este estilo de vida se volvía una carga; porque lo cierto es que  la consciencia del pecado en uno mismo se hace opresiva a veces, la lucha es dura, ardua y dolorosa, cuando somos conscientes del pecado que mora en nosotros, es fácil caer en la auto-conmiseración y desaliento.  Amamos la verdad, amamos la Palabra de verdad, y ‘’amamos la vida Cristiana’’, pero ¡cuánto nos pesan las batallas!

Y así, cuando se trataba de compartir el Evangelio a otros, Elyse era frenada por esta reacción a su propia experiencia Cristiana: “¿Quién quiere testificar de una vida que resulta tan difícil y dura tantas veces?” Si te das cuenta esta percepción está evidentemente desenfocada. Aun cuando podemos notarlo a simple vista al leer ese razonamiento, no nos damos cuenta que muchas veces es de esa forma que muchas de nosotras reaccionamos cuando nos enfrentamos a la misma situación.

Conocer a Cristo. Esa es la verdadera vida Cristiana. Conocer al Padre y al Hijo y confiar ABSOLUTAMENTE en lo que Él hizo en la Cruz del Calvario como la Única fuente de salvación y reconciliación y Adopción en la familia de Dios. Sabemos ya que es un evangelio de gracia sobre gracia que recibimos todos los que hemos creído. (Juan 1:16)

“Y ésta es la Vida Eterna: Que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.” Juan 17: 3

Y sí, esta es la base del Evangelio, y todas nosotras podemos decir que sabemos esto y la mayoría  podemos explicarlo bastante decentemente con palabras, pero, ¿lo habrán captado nuestros corazones? ¿Lo habremos abrazado como nuestra “vida Cristiana”? ¿Conocer al Padre y al Hijo? ¿Mirar que Cristo sea en nosotras nuestra única fuente de confianza, de esperanza, de seguridad, de gozo, de amor, de valor, de fuerza, de sabiduría, de inteligencia?
“Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia; de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios, el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es: CRISTO EN VOSOTROS LA ESPERANZA DE GLORIA, a Quien anunciamos, amonestado a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto EN CRISTO JESÚS a todo hombre; para lo cual también trabajo , luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí.” Colosenses 1: 24-29


Wow, esa porción de la carta a los Colosenses lo dice todo. Pablo encontraba fuente de gozo el padecer por la Evangelización, porque él había abrazado a Cristo como su propia vida; no a una serie de principios y leyes morales; no a ciertas actividades eclesiásticas, no a ciertos patrones de pensamiento piadosos; sino a la Persona de Cristo a la cual él anunciaba como Evangelio de salvación. Sus padecimientos y luchas y dificultades en esa Vida no le eran motivo de tristeza sino de gozo, porque sus ojos y su ministerio estaban enfocados en Cristo, en conocerle a Él, en predicar de Él, en confiar en Él. Él era su esperanza de gloria.
Elyse también entendió esto por la gracia de Dios y comenzó a poner sus ojos en Cristo, a buscar su deleite y satisfacción, no en actividades y libros y métodos, sino en Cristo, y cuando así lo hizo todas esas cosas: actividades eclesiásticas, libros Cristianos, aplicación de principios y valores morales se convirtieron en un subproducto de su íntima comunión con Dios.

Esta mañana mientras leía el libro de Cantares, la porción final del capítulo 5 y el comienzo del capítulo 6, trajeron nuevamente a mi memoria aquellas palabras que Elyse dijo aquel día en el programa radial y que desde entonces han encontrado eco en mi corazón: “El Evangelio no es un estilo de vida, es una Persona.”
“¿Qué es tu amado más que otro amado, Oh la más hermosa de todas las mujeres? ¿Qué es tu amado más que otro amado, que así nos conjuras?

Mi amado es blanco y rubio, señalado entre diez mil. Su cabeza como oro finísimo; sus cabellos crespos, negros como el cuervo. Sus ojos como palomas junto a los arroyos de las aguas, que se lavan con leche, y a la perfección colocados. Sus mejillas como una era de especias aromáticas, como fragantes flores; Sus labios, como lirios que destilan mirra fragante. Sus manos como anillos de oro engastados de jacintos; su cuerpo como claro marfil cubierto de zafiros. Sus piernas, como columnas de mármol fundadas sobre basas de oro fino; su aspecto como el Líbano, escogido como los cedros. Su paladar, dulcísimo, y todo él codiciable. Tal es mi amado, tal es mi amigo, Oh doncellas de Jerusalén. 
¿A dónde se ha ido tu amado, oh la más hermosa de todas las mujeres? ¿A dónde se apartó tu amado, Y lo buscaremos contigo?” Cantares 5:9-16, 6:1.

La Sulamita había puesto sus ojos en Su amado, le había conocido, le amaba, y fue esto lo que convenció a las doncellas de Jerusalén. Ellas vieron ese amor, esa pasión en la Sulamita, fueron, si así lo quieres ver “evangelizadas “por la sulamita que no paraba de hablar y buscar al que amaba su alma, y por esto ellas fueron atraídas a buscarle a Él también. ¿Te das cuenta?

Elyse no se resiste más a la Evangelización como lo hacía antes, porque ha aprendido a ver ese Evangelio como la historia sin fin de una maravillosa Persona que cambia vidas, pero no solo como la historia de esa Persona, sino como esa misma Persona dando Su Vida en intercambio de la nuestra. El Evangelio es Jesús, Él es la Historia, y cuando le miramos a Él y nos enamoramos de Él, y hacemos de conocer a Cristo la pasión de nuestra vida, otros se verán atraídos a esa pasión, a esa Vida diferente que emana de nosotros, a esa Persona de la cual no paramos de hablar.
Dediquemos nuestras vidas a conocer a Aquel que salvó nuestra alma, a conocerle a Él, porque de hecho es eso lo que haremos por el resto de la eternidad, ¿recuerdas lo que dijo el Señor Jesús que era la Vida Eterna? “Que te conozcan a Ti,  el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien Tú has enviado.”

Y si así lo hacemos, quizás cuando otros nos escuchen hablar de Él, preguntarán también,
¿A dónde se apartó tu Amado, Y lo buscaremos contigo?




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